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Schubert Ganchozo el artesano del Bambú
33% manaba, 33% de Los Ríos, 33% guayaco y 100% montubio
Original Text: Patricia Salvador / Pilar Cobo Photos: Patricio Rivera / Translation: Gaspo Sanchez
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Página 2 de 2 │05 Mayo 2012

Junto a su primo, Santiago Ganchozo, es con quien conjuga el diseño, ensamble y los cálculos matemáticos para lograr una resonancia adecuada. “Lo que hacemos es no romper la técnica para interpretar instrumentos, deben tener la escala para que cualquier músico académico los pueda interpretar, mostrando los sonidos de nuestra tierra, sus vibraciones, su timbre, que respondan a una necesidad cultural y geográfica y que correspondan a una geometría resonante con nuestra posición en el planeta“ dice.

Shubert diseña los instrumentos de bambú con un propósito electroacústico: ser amplificados. Estos instrumentos se los puede conectar a un sistema de amplificación digital contemporáneo, un cable y un plug. El sistema de captación de sonido es a través de una barra eléctrica que recoge la tímbrica de la caña y de la cuerda, y así 3000 o 4000 personas pueden oír la puesta en escena de la Orquesta de Bambú.

 

Este músico, que en sus inicios empezó cantándole al hombre, reconoce haber tenido un cambio radical en su apreciación, pues “¿por qué cantarle a un ser egocéntrico que actúa como un cáncer que se come al planeta?“.

Ser consecuente con la vida y el entorno cambió sus paradigmas y es lo que lo llevó a trabajar en la bio-música, como él la denomina. El principio básico del arte es la comunicación y en su caso empieza desde el vegetal, entendiendo a la planta, conversando con ella hasta llegar a un acuerdo de transformación energético, sin depredarla. Este hombre retoma los conceptos ancestrales de la música rescatando esa comunión entre el hombre y la naturaleza, ese pacto de vida al que hombres y mujeres estamos obligados por un bien común y que por lo general convenientemente olvidamos.

 

Hacer instrumentos musicales con la conocida caña guadúa es todo un arte que requiere una experticia previa que ha llevado a Schubert Ganchozo a mostrarse como un investigador ávido de conocimientos, que nos hace reencontrar con la expresión cultural de nuestro pueblo a través de ese lenguaje de compases y ritmos, y que quiere mostrar al mundo esos pensamientos musicales que llevamos dentro.

No queremos que nuestros instrumentos étnicos desarrollen contenidos para los que no fueron creados, bajo esa perspectiva desarrollamos nuestros propios instrumentos. Estos instrumentos no son para competir con los ya existentes, sino para generar nueva tímbrica que enseñen la nueva forma de escuchar e interpretar los sonidos, la música nativa de nuestra gente, nuestra propia música”, comenta. La música siempre se ha ligado a los rituales del hombre, manteniéndose como un elemento sagrado, de allí que un instrumento musical no es cualquier cosa, es un arma humana, es una extensión de los brazos que expresa y comunica.

Nuestra música crea sensaciones, los ánimos alegres de la gente se evidencian con sus vibraciones y es que ser los creadores de nuestra propia historia nos hace una cultura viva, latente que bombea su sabia para crear vida. Sabemos que el mundo está en un constante cambio y nuestras sociedades también, lo importante es crear nuestra propia historia y reposicionar la cultura de Ecuador dentro de nuestras fronteras para poder expandirla. “Debemos formar luthiers que fabriquen nuestros instrumentos .Y nuestros músicos deben exponer nuestros sonidos con nuestros instrumentos y así aportar al mundo… y no dejarnos absorber por la globalización y su comercio”, finaliza.

 
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